LA SANTA IGLESIA ORTODOXA

AUTENTICA IGLESIA DE CRISTO


            I.- FUNDACION, ORGANIZACION Y SINOPSIS HISTORICA.

La Iglesia Ortodoxa es la Iglesia fundada por Nuestro Señor Jesucristo y establecida en el mundo por sus Apóstoles. La palabra Iglesia es de origen griego y se refiere a una asamblea o sociedad de creyentes (del verbo convocar o llamar).

Cristo fundó su Iglesia como depositaria de la Gracia y de los medios de Salvación y su finalidad es continuar la obra de la Salvación y conducir a los hombres al Reino de Dios (Jn. 3:16-17, Hch. 1:3).

Los miembros de la Iglesia serían los que mediante la predicación de sus Apóstoles, creyeran en El y fueran bautizados (Mt.28:19-20; Jn.3:5; Mc.16:16), además estableció una autoridad para administrarla, conferida a sus Apóstoles y a sus sucesores los Obispos (Lc.10:16; Mt.18:17; Hch.20:28; 1ª..Tim.2:7; Tit.1:7.

Palestina es la cuna del Cristianismo, donde Jesús nació, vivió, actuó, predicó, fue crucificado, resucitó y subió a los cielos, obrando así la Redención del género humano.

En Pentecostés, envió al prometido Espíritu Santo a sus Apóstoles, quienes, junto con la Santísima Virgen María, las mujeres y hermanos, se hallaban reunidos en la misma sala donde realizó la Cena y perseveraban unánimes en oración y ruego (Hch.1:13-14). Esta fue la primera comunidad de los creyentes en Jesús, es decir, la primera Iglesia Cristiana.

Todos los Apóstoles recibieron, en igual medida, el mandato del Señor. Desde Jerusalén, el Evangelio fue propalado por los Apóstoles a los países vecinos. En Antioquia, la gran ciudad de Oriente, los creyentes empezaron a ser llamados por primera vez “Cristianos”, saludable nombre que llevamos hasta hoy día.(hch.11:26).

Luego los Apóstoles y los discípulos del Señor llevaron la Buena Nueva a todos los grandes centros del mundo de entonces, incluyendo Roma, la Capital del Imperio Romano, donde San Pablo formó la primera comunidad a la que saluda en su Epístola a los Romanos (Cfr.16). A medida que viajaban y predicaban, establecieron Iglesias, a cuyo cargo, por la imposición de las manos y la invocación del Espíritu Santo, dejaban a Obispos como sus sucesores.

La Doctrina Cristiana fue revelada de viva voz a los Apóstoles por el Divino Maestro, Nuestro Señor Jesucristo. Esta Revelación oral fue transmitida en el seno de la Iglesia, de generación en generación, a todos los que estaban unidos por la caridad (Amor), la fe y la esperanza. Ella forma la Tradición de la fe Ortodoxa. Los fundamentos de la enseñanza del Salvador fueron escritos por los Apóstoles y Evangelistas y confiados a la Iglesia, la que tomando los verdaderos textos del reinó con el nombre de Libros del Nuevo Testamento, que junto con el Antiguo Testamento forman la Sagrada Biblia. Poseemos pues, dos corrientes espirituales que se remontan a la misma y única fuente de la Palabra Revelada: La Tradición oral conservada en la Iglesia y la Palabra escrita, contenida en los Libros Canónicos.

La Revelación que recibimos por Cristo, Redentor y Salvador, es definitiva. No hay otra revelación más perfecta o más conforme a la verdad.

Los primeros siglos del Cristianismo no fueron fáciles, ya que el Nuevo Mensaje, que enseñaba la fraternidad y el amor, eran extraños al mundo de entonces. El Judaísmo y el paganismo no sólo no aceptaron la Doctrina de Cristo, Dios hecho hombre, ni tampoco su Evangelio, sino que los combatieron. Por eso los gobernantes, desde Nerón (año 54 D.C.) hasta Díocleciano (305 D.C.), desataron terribles persecuciones, derramando la sangre generosa de miles de mártires que dieron testimonio irrebatible de sus creencias e hicieron crecer a la Iglesia como un árbol fructífero.

Con el advenimiento de Constantino I el Grande (306 D.C.) al trono imperial, el Cristianismo fue oficialmente reconocido, y Santa Elena, la madre del Emperador, y el mismo Constantino, se convirtieron en sus principales defensores.

La administración de la Cristiandad siempre ha sido ejercida por los Obispos. Al de más alto rango en cada región le fue dado, con el tiempo, el título de Patriarca.

Por razones administrativas, la Iglesia fue organizada en distritos eclesiásticos:

  1. Roma, fundada por San Pablo y primera Capital del Imperio Romano, en la cual fueron martirizados San Pedro y San Pablo (67 D.C.) .

  2. Constantinopla, fundada por San Andrés y segunda capital del Imperio.

  3. Alejandría, el principal centro político, cultural y filosófico de Africa, fundada por San Marcos.

  4. Antioquia, centro principal de Oriente llamada la ciudad de Dios, fundada por San Pedro y San Pablo, de la cual San Pedro fue su primer Obispo.

  5. Jerusalén, llamada la madre de las Iglesias, en la cual Nuestro Señor predicó y obró la Redención. En la era apostólica fue presidida por el Apóstol San Jacobo ( Santiago), quien fue su primer Obispo.

Cada uno de estos centros eclesiásticos tiene un Patriarca que lo preside, y un Sínodo Episcopal.

Además, ha gozado de Autocefalía la Iglesia de Chipre, fundada por San Pablo y San Bernabé. El Primado de esta Iglesia lo ejerce un Arzobispo que, en otra época, gozó también de atribuciones temporales, conferidas por el Emperador Justiniano.

Todos los Patriarcas tenían iguales derechos, siendo independientes en la administración de su Iglesia e iguales entre sí. Todos los creyentes de la Iglesia han estado siempre unidos por su Fe, Sacramentos y prácticas comunes. Siendo Roma la capital del Imperio, se consideraba a su Patriarca el primero entre sus iguales, siendo esto un título honorífico solamente (1er. Concilio Ecuménico. Art. 6; 2º.Conc. Ecum. Art. 3; 4o. Conc. Ecum. Art. 28; 6o. Conc. Ecum. Art. 36 ).

Posteriormente, con el establecimiento de la Capital del Imperio en Bizancio, se dieron honores similares al Patriarca de Constantinopla.

La Suprema Autoridad de la Iglesia para tratar los problemas de índole general y de doctrina, fue y sigue siendo el Concilio Ecuménico. ( Su ecumenicidad debe ser reconocida por la conciencia de toda la Iglesia).

Para resolver situaciones generales o tomar acuerdo en circunstancias contingentes de la Iglesia Ortodoxa en su totalidad, se convoca las Conferencias Panortodoxas en las que están representadas todas las Iglesias Autocéfalas. En el presente siglo, la primera de ellas se llevó a cabo en 1923 en Constantinopla. Posteriormente en Rodas, Grecia, las de 1961, 1963 y 1964; en Ginebra, Suiza, la de 1968; y la última, en 1992, en Constantinopla. Estas ultimas han tenido como motivo fundamental la preparación de un Concilio General de la Iglesia, y analizar y determinar la posición de la Iglesia Ortodoxa en materia de Ecumenismo.

Además de las persecuciones, la vida de la Iglesia se vio perturbada por las herejías, es decir, interpretaciones desviadas y opuestas a la verdad que ella enseña. Primeramente aparecieron algunas de origen judaizante, luego las procedentes del Gnosticismo y las Antitrinitarias.

Para defender la verdad y dar las correctas interpretaciones, además de otras materias normativas eclesiásticas, fueron convocado los Concilios Ecuménicos.


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